martes, 11 de octubre de 2011

DESDE MIS RECUERDOS
"Reflexiones"

I
Desde mi recuerdo presente
en mi largo caminar,
se pasean por mi mente;
pensamientos al soñar.

Yo que dormí con las flores,
allá, en la fértil cañada,
ignorando los sinsabores;
que la vida me guardaba.

A mis tiernos once años,
ya dejé mi dulce hogar,
no tuve, niñez sino, daños;
ni recuerdos, en que soñar.

No tuve libros ni escuela:
y tampoco dulce niñez,
sintiendo voy las secuelas;
de aquel evento, tal vez.

Si fuera parcial el destino,
y noble su realidad,
yo hallaría en mi camino;
dulzura y no falsedad.

Por sendero polvoriento,
camina lenta la humildad,
arrastrada por el viento;
como vela en tempestad.

                                                   Recordando de mi vida,
en este no dulce paseo,
no deja de sangrar la herida;
ni ya en el destino creo.

Porque no hay ninguna flor,
que no sufra y se marchite,
ni habrá vida sin dolor
ni muerte que no, lo quite.

De la vida el equilibrio,
al ser cauto has de encontrar;
no esperes nunca el alivio
ni hombro donde reposar.

¿Tendré en la tumba oscura?
¿El merecido reposo?
que la vida y su locura;
me tildaron defectuoso.

De mi saber y experiencia,
del hacer de mis locuras,
hallé el don de mi conciencia;
y el mal de mis desventuras.

II

Cuando mi brega constante,
ya cansada se resiente,
siento el reto penetrante;
<desde mi recuerdo presente.>

Recluido en la atalaya
dando rienda a mi pensar,
surge entonces la muralla;
<en mi largo caminar.>

Los recuerdos contraídos,
de mi lucha omnipotente,
vencidos y sometidos;
<se pasean por mi mente.>

Me hacen pícaro, guiño,
y se quieren despertar,
y están en mí, desde niño;
<pensamientos al soñar.>

Yo siento tierna dulzura,
cuando aspiro tus candores,
bella y dulce natura;
<yo que viví con las flores.>

Donde crecí, y me crié,
bajo tu atenta mirada,
donde mi niñez se fue;
<haya en la fértil cañada.>

Desde mi niñez temprana,
día que marcas albores,
en la brega cotidiana;
<ignorando los sin sabores.>

Porque de vivir son dones
en necia mente cerrada,
ignorando reflexiones
<que la vida, me guardaba.>

Cuando lejos de mi hogar,
sin saber de los engaños,
tuve que empezar a luchar;
<a mis tiernos once años.>

Fui buscando saciar mi sed,
de uno, a otro, lugar
sin conocer la niñez;
<ya deje mi dulce hogar.>

A lo largo del camino,
fui sufriendo desengaños,
por culpa del mal destino,
<no tuve niñez sino daños.>

De la vida solo cachetes,
con mala suerte al jugar,
yo nunca tuve, juguetes;
<ni recuerdos en que soñar.>

Es corto y débil mi saber,
aunque me aflija y me duela,
pues poco pude aprender;
<no tuve libros ni escuela.>

No se que es llanto de niño,
o bebí mi llanto tal vez,
no tuve mucho cariño;
<y tampoco dulce niñez.>

A la orilla del arroyo,
allí mi lágrima primera,
se ahogo sin el desarrollo;
<sintiendo voy las secuelas.>

Si mis lágrimas se perdieron,
sin encontrar su madurez,
¡Quizás? es que se escondieron;
<de aquel evento,¡tal vez!.>

En aquella noche oscura,
la que cerro mi camino
no habría tenido negrura;
<si fuera parcial el destino.>

De mis tiernos pensamientos
casi pedían piedad,
dulces los sentimientos;
<y noble su realidad.>

En tan insensata porfía:
de paso lento y cansino,
y más penas que alegría;
<yo, hallaría en mi camino.>

Más también pude encontrar,
tras mi oscura soledad,
de mis sueños al soñar;
<dulzura y no falsedad.>

Después de verlas yo crecer,
perdidas en el laberinto,
vi, a mis penas trasponer;
<por sendero polvoriento.>

Que la sencillez es muda,
Diosa, de la serenidad,
tras la soberbia desnuda;
<camina lenta la humildad.>

Si del corazón la herida,
la rinde el sentimiento,
es embarcación perdida;
<arrastrada por el viento.>

Así mi vida ahogada,
tras mi juvenil soledad
por el viento desgarrada;
<como vela en tempestad.>

Claveles, fueron madurando,
en el humor de la herida;
pero se fueron llorando
<recordando de mi vida.>

¡Ay! de la suerte malvada,
oráculo del mal deseo,
en la noche sosegada;
<en este no dulce paseo.>

Ni mis pensares son dudas
ni mi mente esta tullida,
ni flojas, las ataduras;
<no, deja de sangrar la herida.>

Yo no imploro a Sol, naciente,
y ningún milagro deseo,
no me siento penitente;
<ni ya en el destino creo.>

Yo soy el peregrino aquel,
que perece por el amor,
como perece el clavel;
<porque no hay ninguna flor.>

No hay en el mundo razón
que felicidad permite,
no hay eterno mal de amor;
<ni muerte que no, lo quite.>

Que en el largo caminar,
ha veces hallé, yo alivio
pero no pude encontrar;
<de la vida el equilibrio.>

Que la puertas sin cerrojos,
difícil son de franquear,
y lágrimas en tus ojos;
<al ser cauto has de encontrar.>

No esperes bien de la flores
que mueren por su delirio,
y de los males de amores;
<no esperes nunca el alivio.>

De aquel lejano temor
aunque quede el recordar,
cuando no tenía amor;
<ni hombro donde reposar.>

Yo no me doy por vencido,
soy optimista sin mesura,
pues reposo merecido;
<tendré en la tumba oscura.>

Pues tras la lucha cabal
el hombre sabio y juicioso,
ha de encontrar al final;
<el merecido reposo.>

Siempre me libré de aquel,
que me ofreció, mala hechura:
pues no hay cosa mas cruel;
<que la vida y su locura.>

Me rió de la insensatez,
y no me siento bondadoso,
porque el destino a su vez;
<me tildó defectuoso.>

De en esta vida luchar,
he de encontrar la ciencia,
hoy me quiero aprovechar;
<de mi saber y experiencia.>

Mi floreciente memoria
quiere salvar las dudas,
por si tropiezo con la gloria;
<del hacer de mis locuras.>

Tanto me ha tocado vivir,
que cansada mi paciencia,
entre tanto ir y venir;
<hallé el don de mi conciencia.>

Tras el tiempo la sensatez,
le dio a mi alma venturas,
curé mi ansia y mi sed;
<y el mal de mis desventuras.>

De mi libro:(CAMINO DE LUZ)

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