domingo, 9 de octubre de 2011

SOBRE EL CRISTAL DE LA FUENTE

Besan los juncos en el torrente
las aguas que pasando van,
y sobre el cristal de la fuente
tus ojos mirando están.

Olas de mies emergentes
sobre el verde del trigal,
se desplazan sonrientes
hacia el ocaso final.

Y se abrazan a tu talle
para no dejarte marchar,
las brisas del verde valle
esas que te quieren besar.

Tras la brisa que se pierde
hay un cantor que se escode,
y el ruiseñor le responde
desde su atalaya verde.

¡No te escondas detrás de tu canto!
Haz que te conozca tu amada,
la tarde té presta su manto;
y a su estrofa enamorada.

II
Deja el rocío amaneciente
su más inmenso caudal,
diamantes del lejano oriente,
con esplendor reluciente
sobre alfombra de cristal.

Y, ya el claroscuro
que el albor nos ofrece,
con su brillo prematuro
en el día se aparece,
con paso lento y seguro.

Sobre el balcón azulado
de arqueado amanecer
un lucero enamorado,
deja su brillar prestado
al día que va a nacer.

Llegan cuando la aurora
el trino del ruiseñor:
silbar de alondra cantora,
sinfonía madrugadora;
que alegra al amanecer.

 De mi libro: "CAMINO DE LUZ"


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